V I I
La noche no concluye con el día. Las imágenes voladoras se acuestan junto a mí y dentro de mí. Los recuerdos están hechos de piel y acero. Imperecedera continúa su memoria. En pie, en alto, en mayúsculas, entre luces de neón y nebulosa ficticia, lleno, llego y alcanzo un espacio en donde no habita el consuelo de un hallazgo azul o rojo cualquiera, sino la tenue, pero tenaz certeza del adiós para mis ojos, que lo es para mis entrañas, para mi sangre y mi vida entera. Amor con sentido inconcluso como la finísima hoja de un folio atravesándonos la piel mientras los flores -aquellas rojas- se convierten en bisturí que hace sangrar, sangre y sangre suya.
Un amor tan bello.
V I I

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