Siento este silencio en cada sonido de mi alrededor.
Los segundos son grapas que van cosiendo y desgarrando al unísono.
Lo cierto es que este amor acabará por teñir mi sangre.
Ni el cielo ni la raíz de la tierra acogen la humedad del adiós.
Permanezco sentado,
aún recostado,
aún entre mis labios con besos en color,
en blanco y en negro.
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